La historia de Lola y Ester, dos hermanas libres

Es el momento de presentaros a dos refugiadas muy especiales. Ellas han dejado de ser un producto a consumir y unas esclavas de un sistema de explotación. Ahora viven siendo cuidadas y respetadas en su refugio.

Hace ya un par de meses nos daban un aviso de dos gallinas en unas instalaciones municipales de recogida de animales. Al parecer llegaron allí después de un decomiso en un restaurante, donde posiblemente acabarían siendo servidas como comida…

Cuando les recogimos tenían problemas en el buche por haber sido alimentadas con comida en mal estado, así que tuvieron que pasar un par de semanas en tratamiento.

Además Lola tiene falta de visibilidad en uno de sus ojos, posiblemente de nacimiento o por una infección que no fue tratada, y a Ester le fue cortado parte de su pico.  La eliminación parcial del pico en aves de corral (principalmente en gallinas ponedoras), es una práctica rutinaria en la industria para evitar el canibalismo debido al confinamiento, y para que no rompan y se coman sus propios huevos.

Una raza condenada

Lola y Ester son denominadas de raza Leghorn. En la industria llaman a esta raza ‘la reina de la puesta’, ya que llegan a superan los 300 huevos al año.

Se cree que el origen de esta raza es mediterráneo, lo que sí está demostrado es que ha ido siendo seleccionada durante el último siglo para crear una gallina de gran puesta.

Está documentado que las primeras selecciones se hicieron en Inglaterra y países del norte de Europa. Allí fueron encontradas por avicultores americanos que las llevaron a EE.UU. y las siguieron ‘mejorando’, manipulando su diversidad genética para que pusieran cada vez más huevos y fueran más resistentes al enclaustramiento, el encierro y las condiciones insalubres. Por este motivo hoy en día es una de las razas más explotadas en la industria del huevo.

Pero esto ha tenido consecuencias: el proceso de manipulación que llevan grabado en sus cuerpos implica una alta probabilidad de sufrir enfermedades de carácter reproductor a edades muy tempranas.

Por ello, y para poder asegurarles la mayor calidad y tiempo de vida, necesitan mucha vigilancia y cuidados alimenticios y veterinarios. Así, al menos, las que tienen la suerte de recibirlos pueden disfrutar de una vida que el resto de sus hermanas que siguen explotadas jamás conocerán.

Su nueva vida

A estas dos hermanas les encanta picotear la hierba juntas, ¡no se separan nunca! Se cuidan mucho la una a la otra y como Lola, debido al problema de vista, no se mueve con tanta confianza en su entorno, Ester le ayuda mucho a andar en libertad.

Los huevos que ponen a diario se los devolvemos cocidos y mezclados con legumbres y verduras, para que recuperen el calcio y las proteínas que pierden en cada puesta.

A partir de ahora nadie les tendrá encerradas en una jaula, ni explotará sus cuerpos hasta que ya no aguanten más. A partir de ahora, conocerán la liberación a través de los cuidados, el cariño y el respeto.